Se llamaba Mercedes, era natural de San Miguel de Nuevitas y, por azar de la vida, se convirtió en vertientina de corazón.
Vivía en la comunidad de Concordia, un batey localizado a más de veinte kilómetros de la ciudad cabecera.
En enero de 1998, el entonces Papa Juan Pablo II (Karol Jósef Wojtyla) celebró Misa en #Camagüey. Hoy se recuerda a este buen hombre, uno de los artífices de la caída de los regímenes comunistas totalitarios de la Europa Oriental de la segunda mitad del siglo XX. pic.twitter.com/1f5v06gU5A
— Luis Enrique Perdomo Silva (@kikelperiodista) October 22, 2024
Todos los domingos cedía su casa como espacio de oración y catequesis. Allí los fieles del pueblito cañero aprendían las enseñanzas del Nazareno y los preceptos de la Iglesia Católica. Mercedes se sentía útil y aprendía junto a ellos.
Llegó el año 1998 y con él la invitación para que participara en la misa que celebraría, en la ciudad de Camagüey, el Papa Juan Pablo II.
Karol Jósef Wojtyla ofició una Misa en Camagüey, donde se le recuerda como uno de los principales impulsores de la caída de los regímenes comunistas totalitarios en Europa del Este durante la segunda mitad del siglo XX.
Mercedes, como María, dijo sí otra vez y se alistó en la comitiva que integraba laicos de varias demarcaciones y pequeños pueblitos para acudir a la celebración religiosa.
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La celebración devino momento triste cuando Mercedes, una mulata entrada en carnes, murió de un infarto a unos escasos kilómetros de la Plaza “Ignacio Agramonte y Loynaz”, en la bien llamada “Ciudad de las Iglesias” o la “Ciudad de los Tinajones”.
Los vertientinos, algunos que conocieron la novedad, tuvieron otra motivación para la celebración y encomendaron el nombre de la vertientina a Dios.
Otros participaron en la liturgia, se unieron a los cantos y las oraciones sin saber que en aquella multitud hubo una vertientina que no pudo conocer, ni siquiera estar cerca de Su Santidad, Juan Pablo II.
