El escritor y promotor literario Osvaldo Gallardo González cuestionó la nostalgia que oculta la miseria de Vertientes en una reflexión donde rechaza embellecer el recuerdo del pueblo a costa de ignorar el sufrimiento de sus habitantes.
Bajo el título «A lo mejor soy un amargado», el autor defendió una memoria que incluya las heridas y las necesidades actuales de la comunidad.
Esa belleza, sin embargo, no le impide señalar lo que ciertas imágenes dejan fuera: rostros cansados, cuerpos flacos y calles cuyo asfalto apenas sobrevive.
«No me gusta ver un video que retrata una calle que antes era de asfalto y hoy apenas lo es, mientras la cámara disimula los rostros cansados, los cuerpos flacos que quedan a la orilla del camino, como si no fueran también parte del paisaje, como si no importaran.»
La nostalgia que oculta la miseria de Vertientes
Gallardo sitúa a las personas en el centro del recuerdo. Su añoranza comprende lo vivido, a quienes estuvieron y a quienes permanecen, pero también las oportunidades que faltaron.
Recordar las calles sin reconocer los dolores de sus vecinos supone, desde esa perspectiva, ofrecer una imagen incompleta del lugar.
«No me interesa una belleza que para existir tenga que apartar de la foto lo que molesta», sostiene. La crítica alcanza una manera de representar Vertientes que privilegia el paisaje mientras disimula las consecuencias del deterioro cotidiano.
Aunque no identifica páginas ni usuarios, su reflexión puede leerse como un cuestionamiento a publicaciones de Facebook que ofrecen una visión nostálgica del municipio y relegan sus carencias.
Desde la perspectiva editorial de Vertientinos por el Mundo, esas representaciones pueden parecer un contrapeso al trabajo de denuncia y crítica de la tiranía cubana.
El debate resulta relevante para una comunidad dispersa entre la isla y el exilio, donde las imágenes del pueblo alimentan afectos, pero también influyen en cómo se perciben sus problemas y sus posibles soluciones.
Un pasado menos malo tampoco fue bueno
El escritor también desmonta la idealización de décadas anteriores. Reconoce que Vertientes tuvo un pasado próspero, incluso glamoroso, pero recuerda que buena parte de esa etapa precede al nacimiento de muchos de quienes hoy evocan el municipio.
Para explicarlo, menciona tiendas casi vacías y sucias, así como colas para comprar los zapatos asignados. Encontrarse allí con amigos podía generar recuerdos entrañables, pero no eliminaba la escasez ni convertía aquellas condiciones en una vida digna.
«No me gusta hablar de mi pueblo sin hablar de su dolor, de sus necesidades, de la angustia que vive cada día su gente. No me gusta mirar al pasado sin poder mirar también hacia el futuro y pensar que algún día Vertientes volverá a ser un lugar donde se pueda vivir dignamente, donde la gente no tenga que sobrevivir, sino vivir y ser feliz.»
Su reflexión interpela una costumbre extendida: confundir el cariño por la infancia con una valoración favorable de las circunstancias en que transcurrió. Los vínculos personales pueden conservar su belleza sin absolver al sistema que administraba las carencias.
Katy Díaz: el dolor de Cuba no provoca risa
Entre los comentarios, Katy Díaz respaldó esa incomodidad. Explicó que lleva 23 años fuera del país, que su madre continúa en Cuba y que viaja con frecuencia, por lo que conoce directamente la realidad de la isla.
«Ningún chiste sobre aquella realidad me causa risa», expresó al mencionar el humor de Pánfilo. Su comentario vincula la distancia del emigrado con una preocupación que permanece: saber que los familiares siguen enfrentando las condiciones que otros presentan mediante la nostalgia o la comedia.
Gallardo cierra su reflexión mirando hacia adelante. Aspira a que Vertientes vuelva a ser un lugar donde sus habitantes puedan vivir dignamente, sin reducir su existencia a sobrevivir.

Su defensa de la verdad deja una exigencia para quienes cuentan el pueblo: conservar lo hermoso sin borrar lo doloroso. Amar a Vertientes también implica mostrar aquello que necesita cambiar, aunque incomode a quienes prefieren una fotografía sin heridas.
