Estaba yo en el Servicio Militar Obligatorio y era bombero, cuando un amigo me pidió que le acompañara a robar azúcar al central de Vertientes.
Era comida segura para los cerdos y podría fabricarse «azuquín», aquella gualfarina inolvidable surgida en pleno período especial.
Central «Vertientes» de #Camagüey en los años 50s, rebautizado por el Castrismo como «Panamá», otra de las tantas aberraciones del régimen, pues el municipio se siguió llamando Vertientes. #Cuba pic.twitter.com/Ruwet2oDdN
— Camagüey (@Camaguey1514) February 12, 2023
Lo usual era que alguien estuviese de guardia en aquella fábrica inmensa, pero los custodios son los primeros que se hacen los locos y se duermen para permitir el desvío del dulce. Ellos también tienen familia.
Cuando hay zafra en un batey, la gente es feliz porque roba: las varillas de soldar, el melao, los tornillos, el petróleo, la pintura… ¡lo que sea!
Así que me engancho un pullover negro y con pantalón verde de recluta, botas altas bien acordonadas-lustradas y un miedo de cojones, me lancé con el socio hasta el almacén del que fuera “coloso” central Vertientes, con uno de los rendimientos industriales más altos del país.
Allí nos esperaba otra yunta, que nos dio luz verde para llenar par de sacos y salir en medio de la oscuridad, cruzando por entre los vagones atestados de caña que esperaban a ser trituradas de un momento a otro.
El Tribunal #Matanzas sancionó a 4años de prisión a un custodio del central MarioMuñoz d #LosArabos #Cuba por estar involucrado en el robo d 3 sacos d azúcar publicó el periódico Girón, desde abril han sido sancionados otros 12 trabajadores la mayoría por complicidad en los robos pic.twitter.com/bx3aP5xjoA
— Asociación Sindical Independiente de Cuba #ASIC (@AsicSomos) August 11, 2023
¡Prin Pram!, sonaban aquellos carros cuando chocaban entre sí y habría que encaramarse en las muelas de hierro, saltar y correr para que no te vieran los “ce ve pe” y los chivatos de tonfa y medallitas, los llamados «guarapitos».
¡Par de reclutas robando azúcar! Aquella saca sí que pesaba encima del hombro, y en medio de la noche, como quien va cruzando fronteras o pasos a nivel, en un evento de campo y pista, terminamos desembarcando la carga en la estación de bomberos de Vertientes.
El botín habría que trasladarlo y es ahí cuando el recluta se fuga, se disfraza, y se roba la gasolina del Zil autocisterna, para después darse un baño y desprenderse los granos de azúcar parda y rezar porque esa noche no hubiese una candela.
Escribo esto, de corrido, no para hacerme el cronista. Me vino a la mente mientras leía, con asombro, que un hombre de 36 años, padre de tres hijos, murió en el ingenio Urbano Noris, de San Germán, en Holguín.
Central «Vertientes» de #Camagüey en los años 50s, rebautizado por el Castrismo como «Panamá», otra de las tantas aberraciones del régimen, pues el municipio se siguió llamando Vertientes. #Cuba pic.twitter.com/Ruwet2oDdN
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“Me informaron que un joven custodio fue a sacar azúcar dentro de una de las máquinas de molida que estaban paradas y el central echó a andar”, escribió un periodista.
Pienso yo en el padre de familia que estaría hurgando para recoger un poco de azúcar y sabrá Dios qué haría con ella. Pienso en el mísero salario de un custodio, las angustias que vivía en el apartado pueblito donde ocurrió la tragedia.
Cuba está llena de gente que se arriesga para alimentar a los suyos, de custodios que venden su merienda, de obreros agrícolas que doblan la jornada, de madres que guardan el pedacito de carne para sus hijos, de choferes que desvían combustible, de abuelas que inventan desayunos y meriendas.
En Cuba hay una dictadura que, cual central vetusto, también es una maquinaria diabólica, oxidada y chirriante, que muele, tritura y mata.
