Un joven vertientino fue amenazado tras denunciar presuntos hechos de corrupción cometidos por un militar.
Desde la página Vertientinos por el Mundo pedimos posibles titulares para una foto donde aparecen las principales autoridades del municipio.
El muchacho, identificado como Daniel Diez, escribió un mensaje crítico en el que cuestionaba la presencia de un exmilitar identificado como Rangel.
«¿y Rangel sigue militando después de haberlo cogido robándose el petróleo de la cívica junto con Starlin? wow 😂», decía el texto.
Aquí hace referencia a la Unidad Militar Nº 1390, conocida como «La Cívica», una instalación militar localizada en el municipio de Camagüey.
El tal Rangel aparece en las instantáneas hechas tras la «Jornada Nacional de la Defensa», a solo unos días de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.
Según la prensa oficialista, esta jornada «culminó como una poderosa demostración de unidad, preparación y conciencia revolucionaria».
Según la estatal Prensa Latina, el pueblo de Camagüey, junto a toda Cuba, «reafirma su disposición a defender sus conquistas, generando desde la fortaleza interna un mensaje de paz y firmeza ante cualquier amenaza.»
«Rangel fue mayor jefe de batallones en La Cívica y lo botaron por estarse robando el petróleo con otro teniente coronel que a ese sí lo degradaron», aseguró Diez.
La situación escaló cuando una persona que reside en Houston respondió con un mensaje de carácter amenazante, cargado de insultos personales y alusiones directas a un posible encuentro físico futuro.
El texto, lejos de limitarse a una defensa política, incluyó expresiones violentas, propias de ciberclarias al servicio del régimen castrista.
La reacción colectiva fue mayoritariamente de respaldo al joven que inició la conversación.
Entre risas y condenas explícitas al autor de la amenaza, muchos defendieron el derecho a opinar libremente y criticaron lo que calificaron como prácticas propias del autoritarismo exportadas al exilio digital.
Esta amenaza deja al descubierto una realidad incómoda: incluso fuera de Cuba, el miedo, la agresión verbal y el intento de silenciar opiniones siguen viajando por el ciberespacio, recordando que la censura no siempre necesita uniformes, a veces solo un teclado y conexión a internet.
