El escritor chileno Luis Eduardo Aguilera protagonizó este martes un momento de alta carga emocional en el Museo Municipal de Vertientes.
Esta es su decimocuarta peregrinación a Cuba y tercera a la provincia de Camagüey, según una publicación de la institución en Facebook.

Según testigos, Aguilera, de 68 años, quedó petrificado frente a una vitrina que exhibía un conjunto de grilletes y otros artilugios de castigo de tiempos inmemoriales.
Tras un profundo suspiro y un ademán dramático, dos lágrimas brotaron de sus ojos, recorriendo su mejilla hasta perderse en el cuello de su camisa.
«Parecía poseído por el espíritu de algún esclavo cimarrón», relató una de las trabajadoras del museo, que no pudo evitar sentirse conmovida por la escena.
«Yo creo que hasta rezó. O al menos movió los labios como si estuviera haciendo una invocación», dijo.
La página de Facebook del museo resaltó el interés del intelectual por los «Héroes y Mártires de la historia de Vertientes», pero omitió este episodio cargado de simbolismo.
Fuentes cercanas aseguran que, tras recomponerse, Aguilera continuó su gira cultural por la Librería-Café Literario La Muralla (donde lo de «café» es ya un recuerdo del pasado), la Casa de Cultura y la emisora Radio Vertientes.

El escritor chileno, que presentó su libro El Abrazo de dos Pueblos Hermanos, habría comentado en privado que nunca antes se había sentido tan identificado con el sufrimiento del pueblo cubano.
Sin embargo, otro vecino, menos conmovido por la escena, opinó que quizás lloró al darse cuenta de que las cadenas no eran parte de una exposición temporal, sino de la cotidianidad.
«Es bonito que nos visite gente de afuera», concluyó la fuente, «pero ojalá que la próxima vez traiga café.»
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